Un lugar de peregrinación y culto para todos aquellos practicantes, de cualquiera de las posibles variantes, de esta religión universal, que es la montaña. Ciclistas de carretera, bikers con su MTB, montañeros, senderistas y esquiadores, free riders y de travesía, durante el invierno acuden atraídos por la magia y singularidad del Midi de Bigorre.
HRMB Haute Route du Midi du Bigorre en MTB from
Alive Mountain on
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Un poco de historia.
El Midi de Bigorre es mucho más que una imponente montaña de 2877metros que domina una región y ofrece infinidad de rutas y ascensiones montañeras, es historia viva del Pirineo. Ya que desde 1787, en vísperas de la Revolución Francesa, ha sido conquistado de manera épica para la ciencia, con la construcción del observatorio que domina su perfil. Hoy en día, constituye un icono y referencia en los Pirineos. En el año 1852 se construyó un pequeño albergue para turistas en el
Sencours, antesala del
Midi de Bigorre, que pronto fue ocupado por multitud de científicos que lo utilizaron como campo base de sus estudios. Por fin en 1878 se puso la primera piedra del edificio de la cima. Se utilizaron las rocas y agua del deshielo de la propia cima y la arena se subía en mulos desde el cercano lago de
Oncet, con cargas de 100 kilos por animal. Los trabajos científicos se realizaban con antiguos y precarios elementos de antaño. Pero en el año
1907 gracias al empeño de
Benjamin Baillaud y a la ayuda de soldados del
ejército Francés concluyó la construcción de una cúpula para la observación meteorológica. De este modo la cima del Midi, la Astronomía moderna y el estudio del clima quedaron vinculados para siempre. Más adelante en
1926 llegó la construcción de la carretera del cercano puerto del
Tourmalet a
2115 metros, que facilitó el abastecimiento de víveres y materiales. Y donde años después, se escribirían y todavía se escriben, épicas batallas durante las escaladas en bicicleta de carretera, en el mítico
Tour de Francia. Luego llego la electricidad y la alta tensión pero la verdadera revolución fue la construcción en
1952 del
teleférico que terminó por acercarlo a las personas de a pie.
Preparaciones y sueños.
Es por todo esto y por la existencia de una red de senderos de alta calidad en la periferia de esta gran mole, por lo que mi compañero de rutas,
Raul Díaz, comenzó a estudiar las posibilidades en el recorrido a seguir para poder ciclar a la sombra del coloso pirenaico. Lo típico en estos casos sería una ascensión a la cima por el camino más pedaleable y posterior descenso tratando de seguir alguno de los senderos con más calidad para la Btt. Pero esta opción, gracias a la carretera del
Tourmalet y la actual pista de acceso hacia la cima, por no hablar del teleférico, pierde casi todo su encanto y gracia.
Por tanto, había que buscar nuevas formas de acercarnos a esta montaña. Se valoró el rodearla y en la medida de lo posible ascenderla. Los números en este caso, se disparaban un poco, pero si los tramos desconocidos del recorrido eran buenos, sería una locura la mar de factible y con una calidad de pedaleo, fuera de toda duda, en las zonas que ya teníamos controladas con senderos muy, muy ciclables que nos llevarían a la mayoría de collados, bajadas técnicas mezcladas con senderos divertidísimos y todo ello en un ambiente de alta montaña alcanzando varios collados que superan los 2200 metros.
Nuestra idea, era comenzar por el valle más suave y tendido, el de
Arizes, que nos permitiría ganar los metros iniciales de manera fácil, pedaleando por una pista y posteriormente por sendero, para luego encadenar collados mientras giramos en sentido anti horario dejando siempre a nuestra izquierda al coloso Pirenaico. En la parte final del bucle, cuando estemos en el collado de
Sencours, el más alto y cercano a la cima, y si las piernas nos lo permiten, subiremos a coronarla para luego descender hasta el punto de salida. Digo si las piernas nos lo permiten, ya que en total estimamos que recorreremos cerca de 40 kilómetros para sobrepasar los 2500 metros de desnivel positivo acumulado, durante todo el recorrido. Esta vuelta es de alta montaña, así que la meteorología será variable y tendremos que estar más de 10 horas a merced de los cambios de tiempo, averías y algún que otro problema. En nuestro caso, contábamos con varios días planificados para estar en el Pirineo con nuestras bicis, por lo que fuimos controlando las predicciones meteorológicas a diario, para buscar la fecha más propicia para el asalto definitivo.
Llego el día.
6:45 AM del 21 de Octubre de 2014, suena el despertador, todavía es de noche. Tengo muchísima pereza y me cuesta pensar en salir del saco, a punto estoy de darme media vuelta y dormir un rato más. Pero de repente recuerdo donde estoy y lo que hoy tengo por delante. Salgo disparado del saco, recojo el catre y me visto con ganas. Hoy no es una vuelta más, hoy es un día que hay que disfrutar desde el punto de la mañana.
En la plaza que forman las furgonetas ya hay movimiento de frontales y de cajas con galletas y bizcochos, la cafetera humea y me ofrecen una taza con ese aroma que termina de detonar nuestros cuerpos hacia una jornada para recordar. Desayunamos pausadamente con unos agradables 15º de temperatura que el viento sur de esta noche nos ha regalado. Chequeamos mochilas y material, repartimos la comida y ponemos a punto las bicicletas por enésima vez. Minutos antes de las 8 ya pedaleamos en penumbra, por una pista que nos llevará al valle de
Arizes desde nuestro punto de salida en
Artigues a 1200 metros.

La ruta
Pronto nos sobra la ropa de abrigo y nos encontramos luchando y pedaleando en un precioso sendero en el que, al levantar los ojos vemos el icono de nuestra ruta, nuestro objetivo, el imponente
Midi de Bigorre 2877m. Así da gusto arrancar la jornada, primer sendero de calidad y ahí esta el objetivo, iluminado por los primeros rayos de sol del día se nos muestra poderoso e inalcanzable todavía.
Como en la mejor de las presentaciones de marketing, nos deja con la boca y los ojos abiertos como platos. La hierba amarillenta de Octubre en las inclinadas laderas, la roca parda que asoma por cualquiera de sus caras, los grandes edificios que lo coronan y la enorme antena que prolonga su figura para casi tocar el cielo del pirineo. No puedo imaginar mejor comienzo de ruta la verdad, vamos a por él.
Comenzamos la danza del acecho al coloso, ese pie arriba y pie abajo que en un aparente e infinito bucle del que solo saldremos para caminar en los tramos mas inclinados y dificiles del recorrido porteando nuestras maquinas. Este duro, pero agradable ritual, este doloroso pero placentero baile en el que el pirineo nos guía y lleva de un collado a otro, recorriendo valles a través de senderos y caminos tallados por el pasar de otros mucho antes que nosotros. Este es el baile del día que, inexplicablemente para muchos, hemos elegido. Este día que amanece lento pero imparable, en el que desde el punto de la mañana, desde sus albores, formamos parte de su decorado pirenaico. A través de nuestro esfuerzo, de nuestro avance y pedaleo nos fundiremos como animales que somos en este habitat para abandonarlo al finalizar el dia, llevandonoslo para siempre, impreso en nuestra memoria y así poder soñar por siempre con el.
El sendero es asequible al pedaleo, salvo en zonas muy puntuales. Lo recorremos con calma y ya en manga corta, disfrutando del espectacular decorado y del bonito trazado. El sol que hasta ahora tan solo nos mostraba iluminado el gran
Midi, al fondo del decorado, comienza a calentar el precioso valle, aportándonos esa energía extra que tan bien nos viene para ganar metros con placer, a pesar del esfuerzo que realizamos. La hierba brilla debido al rocío mañanero y, a pesar de encontrarnos muy al final de este verano de 2014 tan sobrepasado en el que estamos, la humedad de la mañana le da ese punto de estreno a todo lo que vemos.
Llegamos a una zona de porteo donde nos reunimos los 4 ciclistas del grupo. Adán, el guipuzcoano, nos comenta que tiene problemas de estómago desde ayer, y que no se ve con fuerzas para aguantar toda la travesía. Apenas ha podido desayunar con normalidad y por tanto no podrá afrontar las horas de ruta que todavía tenemos previstas. Con rabia se vuelve por donde ha venido y nosotros tres Raúl, Joseba y yo, comenzamos el tramo de porteo hacia el lago de
Arizes a 2015 metros. Cuando casi estamos llegando, nos encontramos con un pastor que baja con el ganado hacia el valle. Hay que llevar a los animales hacia zonas bajas para pasar el duro invierno que se acerca rápidamente. Nos pide que nos salgamos del camino, para no asustar a las vacas y terneros en el estrecho paso donde coincidimos. Abandonamos la senda y terminamos de ganarlo campo a través. Como siempre decimos, máximo respeto a la gente que se tiene que ganar la vida en condiciones no siempre fáciles en estos lugares tan bellos.
Aquí de nuevo junto al lago, ya podemos pedalear mientras empezamos a vislumbrar la cara norte del
Midi y los apenas 200 metros que nos separan del collado de
Aouet 2184metros, donde el fuerte viento nos hace retroceder para resguardarnos y abrigarnos antes del descenso. Son las 9:20 de la mañana y ya nos hemos ganado los primeros mil metros de desnivel del día. Con este acumulado en el “haber”, podíamos, ya, dar por finalizada la ruta, pero hoy tenemos ración especial, nos ganaremos muchos más.
Las espectaculares dimensiones de los edificios y la antena que coronan la cima del
Midi nos hacen creer que estamos a tan solo unos pasos de alcanzarla, la realidad es mucho más dura, son 600 metros de desnivel por una empinada ladera, la que nos separan de su cúspide. El asalto a la cumbre lo dejaremos para la parte final de la ruta, ahora pedalearemos hacia abajo siguiendo nuestro plan inicial de rodearlo.
Desde el ventoso collado donde nos encontramos, se inician estrechos senderos que bajan con suavidad a lo largo de sus laderas. Comenzamos con cierta timidez, forzados por el fuerte viento que en cuanto perdemos los primeros metros desaparece. Es entonces cuando aumentamos nuestra velocidad y goce exponencialmente. Son tramos rápidos, con suaves y rápidas curvas, salpicados puntualmente de alguna dificultad, que no nos deja bajar la guardia. Al final curva cerrada, cambio de sentido y de nuevo una tramo, donde casi podremos soltar los frenos mientras bailamos con nuestras bicis por las “eses” del camino. La mirada al frente para poder anticipar los movimientos, sin perder nunca de vista nuestra rueda delantera y controlar donde pisamos.
A mitad del camino paramos para disfrutar de la inmensidad del valle que recorremos por un estrecho y divertidísimo hilillo de sendero, que pierde metros con mucha suavidad alargando sobre manera el placer del descenso. Buenísimos tramos donde gozamos de lo grandioso del valle de
Lesspone y del coloso
Montaigu de 2339 metros que tenemos delante. Aprovechamos para corroborar nuestros próximos pasos desde la gran atalaya en la que disfrutamos el recorrido, que mirando mapas y fotos, se planificó en casa. Es siempre susceptible de mejorar y esa es una labor que se realiza entre todos los componentes del grupo sobre la marcha. Desplegamos el mapa y localizamos los caminos y sendas que recorreremos y que ahora tenemos delante, justo en la montaña de enfrente. Confirmamos nuestras intenciones.
Remontamos una pista de poco mas de 1 kilometro y nos metemos en un precioso bosque con grandes y viejos arboles, el
Bois de Pouzac. Una combinacion de Abetos, Hayas y pinos, salpicada por enormes rocas cubiertas de un musgo de un verde intenso. El camino es poco transitado, pero como diría aquel buen amigo mío “se deja querer”, disfrutamos de los tramos de subida como de las bajadas con curvas casi imposibles de trazar. Se nota que estamos en la cara norte del macizo recorriendo la parte mas húmeda, salvaje y diferente de nuestro camino de hoy.
Pronto nos encontramos al pie de la segunda gran subida del día, hacia el
Lac Blue, desde el aliviadero de
Rvoir. Son 700 metros de desnivel que desde abajo se perciben muy verticales, pero que en las fotos de satélite y en otras que localizamos por la red, se distinguía con una caja importante y un ganar metros pausado. Así fue, y durante la subida, disfrutamos de largos tramos de pedaleo, que tan solo se interrumpen en algunas zonas con mucha piedra y en la parte final, donde la verticalidad del acceso al collado tan solo nos permite el modo porteo para ganar los metros finales. Este camino por el que pedaleamos sería el que se usó desde antaño para acceder al
Lac para su aprovechamiento hidráulico y es por eso, por lo que el desnivel se gana con sabiduría y calma de ingeniero. Un placer sin duda para su uso en bicicleta de montaña.
En la parte más alta de la subida, donde el camino se estrecha y empina, aprovechamos estas cascadas del desagüe del Lac Blue para llenar nuestros “Camels” de agua fresca y limpia para lo que queda de recorrido, que es algo menos de la mitad.
A pie del
Lac Blue a 1928 metros, que es de unas dimensiones considerables, hacemos una parada donde comemos algo más consistente, estamos en el momento en que empezamos a volver, a cerrar el círculo y regresar.
Hace tiempo que no vemos al
Midi, otras montañas menores de su propia cordillera nos lo ocultan, pero sabemos que está allí. El circo que forma este enorme lago es de mucha verticalidad y en muchos puntos, directamente acaba en pared, por lo que rodearlo será más complicado de lo esperado. El
Pass de Bouc es el punto culminante con un tramo algo expuesto, que está equipado con clavijas y sirgas para ganar seguridad. No es un tramo muy largo por lo que justamente añade una pizca de emoción a la ruta.
Una zona suave de pedaleo por pradera nos lleva de nuevo a otra gran roca aparentemente inexpugnable pero, en la que a medida que nos acercamos descubrimos las marcas y señales que nos guiarán para superarla.
Tras pasar el segundo paso rocoso de nuevo tenemos un gran tramo de pedaleo, primero en las cercanías del
Lac Vert a 2009 metros y luego recorriendo suaves valles por un sendero que discurre con calma mientras seguimos ganando más y más metros. Vamos dejando atrás el
Lac Bleu, que cada vez se ve más pequeño, y nos acercamos a unas montañas que todavía se ven demasiado grandes.
Tan grandes son las montañas y los collados, demasiado altos, como para poder vislumbrar una salida del sendero en forma de puerto de montaña. El camino continúa ascendiendo con cierta suavidad y avanzamos por la ladera de una enorme montaña en diagonal. No vemos claro nuestro destino y quizá es por ello que nos centramos en disfrutar de cada metro del camino, que para colmo ciclista, se puede pedalear.
En este momento es cuando el viento arrecia y unas nubes cerradas cubren el cielo a nuestras espaldas. Creemos que el día puede acabar antes de tiempo e instintivamente aumentamos el ritmo de pedaleo para tratar de escapar al empeoramiento de la meteo. Hemos dejado de hablar y nos hemos puesto un poco de los nervios, con tanto calor como ha hecho hoy no se puede descartar la formación de tormentas de evolución. Estamos a más de
2300 metros de altura, así que en ese caso, nos encontraríamos en medio de la fiesta de la descarga eléctrica y del rayo. El sendero sigue siendo ciclable y esto aquí arriba, tan arriba, es un lujo del que no nos privaremos. Con el mal rollo de la tormenta que se avecina y casi sin darnos cuenta hemos terminado de ganar el collado de
Aoube2358 metros.
Raúl, recuerda haber estado aquí mismo hace unos años con sus esquís de travesía, en pleno invierno, pero sobre todo no olvida la enorme cornisa de nieve que dificultaba su salida vertical. Hoy es mucho más fácil, nos calzamos las protes y nos tiramos por el sendero que recorre el valle con las más grandes piedras del tour. En la distancia apenas se intuye un hilillo de senda por la pedregosa ladera.
Desde la bici se ve algo más claro, pero tenemos que estar en permanente lucha contra los pétreos elementos, unos los esquivamos, otros los trepamos mientras tiemblan y balancean bajo nuestros neumáticos. Constantemente hay que tirar de manillar para facilitar el tránsito y no perder esa mínima velocidad que nos permite mantener el difícil equilibrio entre el control y la catástrofe que representa el ciclar con nuestras máquinas sobre estos caóticos caminos.
Curiosamente de los tres que estamos hoy en liza por aquí arriba cada uno monta una medida de rueda diferente, Joseba y Raul con
Orbeas Rallon de 26 y 27 respectivamente, y yo con mi
Intense Carbine de 29C. Los tres llevamos horquillas RS Pike y os puedo garantizar que en estos momentos la rueda grande facilita todos estos pasos y es la que menos intenciones tiene de descabalgar a su jinete. De todos modos, todas las suspensiones trabajan a máximo rendimiento sobre el mar de piedras de esta cara sur, al llegar abajo los amortiguadores calientes, confirman la máxima aquella de “Que trabaje el material…” que tantas veces repiten algunos compañeros de rutas.
Tras las zonas más pronunciadas del descenso rodeamos los restos sedimentarios del
Lac d´Aouda, seco tras el final del verano, pero todavía el camino está lleno de piedras en una caprichosa disposición en la que nos guía y nos dificulta, como en un juego de dados. Este camino nos lleva de nuevo a otra ladera muy empinada en la que, con dificultad, se distinguen unas zetas talladas en la hierba.
Nuestros cuerpos están, desde hace rato, al límite y cualquier dificultad se magnifica. Tras hacer estimaciones sobre el desnivel a ganar en esta nueva pared, nuestras previsiones oscilan entre 300-400metros. Decididamente estamos muy cansados, ya que Raúl durante la preparación de la ruta calculo no más de 100 metros de desnivel que nuestro Gps nos corrobora aquí mismo. Con la alegría instalada en el cuerpo en menos de media hora hemos porteado y ganado un nuevo collado.
Circulando ahora por este sendero, nos deleitamos contemplando a lo lejos el macizo de
Neuville, templo de peregrinación para esquiadores de montaña en la época invernal y primaveral, ya que es capaz de acumular buenas cantidades del blanco elemento, de hecho en su parte más alta ya alberga manchas blancas de las últimas precipitaciones otoñales.
El
Coll de la Bonida, a la sombra del monte del mismo nombre, tiene un impecable sendero sin demasiada pendiente ni dificultad, que recorremos mientras rodeamos su hombro, y a medida que concluimos su tramo nos hace un regalo, del que ya teníamos ganas, la singular cumbre del
Midi, con todas sus edificaciones, antenas, observatorios, torres y cables del teleférico. Se nos muestra tímida entre nubes blancas, como si todavía no tuviésemos derecho a mirarle a la cara. Llevamos más de 7 horas de ruta y ya nos creíamos con ese privilegio, que todavía casi se nos resiste.
Ahora tenemos un tramo de bajada llaneo y posterior subida, toda ciclable hasta el mismísimo lago del
Oncet 2253 metros, muy cerquita del ultimo collado de día, el que se encuentra entre el
Sencours y el gran
Midi de Bigorre. Aquí coincidimos con la pista que llega desde el puerto del
Tourmalet y es la que en caso de querer subir a la cima, tendríamos que tomar.
Esta pala desde el
Lac de Oncet hasta la misma cima es la clásica por la que se sube y baja con esquís durante el invierno, 35 grados de pendiente media, cara sur, buena innivacion y máxima diversión. “Jardín´Botanique, Roche Noire, Jardín des Isards” son nombres míticos para los esquiadores. Estamos en la capilla de la diversión de la catedral del
Midi.
Recuerdo hace unos años estando de visita durante el mes de Julio con la bici de carretera lo impresionante que me pareció la ascensión al
Tourmalet desde
Luz Saint Sauvern. Ahora mismo estamos contemplando el paso del puerto y escenario de míticas batallas deportivas desde un collado mucho más alto. En mi pensamiento, estamos mucho más arriba, mucho más cerca del cielo que ellos. No disputamos ningún Tour de Francia, tan solo conquistamos nuestros sueños formando un equipo. Allá abajo se vislumbra la pequeña carretera de ascensión con sus retorcidas curvas, donde seguro que hoy se esforzaran unos cuantos ciclistas retorciendo sus bielas al igual que nosotros. Pero olvidemos la carretera y disfrutemos de este divertido sendero.
El viento ha arreciado y es muy fuerte, el cielo continúa amenazando con descargar sobre nosotros una gran tormenta a nuestras espaldas. Arriba en la cima malamente se podrá disfrutar del lugar y nuestras piernas no nos piden culminar con ella. Nos conformamos con cerrar el círculo al coloso, su cima quedará para otro día.



Llegamos a la pista que viene desde el puerto y que recorreremos durante menos de un kilómetro antes de abandonarla por el sendero de bajada. El esfuerzo acumulado de la jornada comienza a mostrarse en nuestros cuerpos. Mientras, sentados en unas rocas picamos algo antes de calzarnos las “protes”. Aun dedicamos unas cuantas miradas a la cima del coloso. Estamos tan cerca, la subida es tan sencilla después de lo que llevamos. Pero el fuerte viento que arrecia por momentos, termina por convencernos. Bueno, convencernos quizás no sea la palabra más apropiada, más bien nos hace posponer en nuestra lista de deseos, el hacer la cima. Preferimos asegurarnos el disfrutar de la bajada sin el agobio de la lluvia y la tormenta que todavía vemos como una posibilidad real para finalizar el día.
En cuanto tomamos el sendero de descenso, el viento del collado casi desaparece al encontrarnos protegidos entre dos grandes montañas. La última bajada del día comienza con unas cuantas revueltas muy cerradas y algo trabadas que nos llevan a unos tramos rápidos de sendero con bastante “
Flow”, donde dejamos hacer a nuestras maquinas, que nos llevan a toda velocidad haciéndonos sentir mejores pilotos de lo que en realidad somos. Un sendero de apenas dos palmos puede ser poca superficie para controlar un neumático que gira a gran velocidad, hay que buscar algún apoyo lateral y anticipar los giros con insinuaciones de manillar o freno trasero según se pueda.
Paramos y volvemos a mirar la cima del
Midi de Bigorre. Ya no estamos tan cerca pero continúa siendo imponente a los ojos de cualquiera. Aunque ahora, que casi concluye nuestra travesía, es un poco más nuestra que ayer. Ahora, estamos viendo en sendero ahí abajo, por el que esta mañana temprano ganábamos los primeros metros del día, con la ilusión de un nuevo recorrido por delante. Estamos eufóricos y no evitamos gritos y palabras sonantes en cada paso técnico de este réquiem. El sabernos cercanos a los coches y saboreando el final nos da alas y algo más de arrojo en el tramo de descenso. Cuesta detener al grupo que lanzado devora los metros de desnivel como si nos fuese la vida en ello. Paramos y miramos atrás, estamos eufóricos, vemos que vamos a ser capaces de completar nuestro objetivo. Son momentos increíbles de gran intensidad. Libramos la tormenta y nos concentramos en disfrutar y en no tropezar en ningún paso.
Tras un interminable encadenamiento de zonas y tramos brutales, muy variados, concluyendo con un vadeo de río espectacular llegamos a las furgonetas en
Artigues, donde nuestro compañero nos espera con resignación, aunque valorando los horarios y metros del día sabe que no hubiera disfrutado del reto como se merece.
Nos ha preparado una suculenta merienda/cena de puchero y unos entrantes en forma de queso chorizo y vino. No hay mejor lugar, ni compañía en el mundo, en este momento. Recuperamos nuestro cuerpo y recordamos los todavía frescos sentimientos, que el pirineo nos deja grabados en días como el de hoy.