martes, 31 de mayo de 2016

HIELO EN COGNE

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La escalada de cascadas de hielo es un deporte bastante peculiar: por un lado es una de las especialidades más atractivas que se puede practicar en la montaña invernal: Encaramarse a estructuras de agua helada con formas de canales, muros o incluso columnas colgantes totalmente separadas de la pared, nos da la impresión de realizar una actividad única. Por otro lado, el invierno es corto e incluso en esta temporada se dan subidas de temperatura que dan al traste con el lento proceso de formación del hielo. Esto hace que sea muy frustrarte la espera de las condiciones óptimas para poder escalar con garantías algunas de estas vías.

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Por si fuera poco la meteorología del Pirineo, cada año se ve más afectada por el cambio climático y no es raro el invierno que los escaladores nos pasamos consultando Internet, con todo el material preparado, en busca de una ola de frio o de algún remoto lugar donde su micro clima haya conseguido helar algún pequeño torrentillo, para poder acudir raudos a atacar la codiciada escalada. Lo más seguro es que cuando lleguemos al lugar se encuentre a un pelotón de escaladores que, como nosotros, han consultado la misma información. El atasco que se produce en la entrada de la vía, unido a que finalmente la helada no habrá sido para tanto y el hielo dista mucho de tener la solidez necesaria, hará que la mayoría nos demos la vuelta sin conseguir hacer un solo metro de ascensión.

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Con este desalentador panorama hace años que muchos optamos por buscar nuevas zonas donde poder desarrollar nuestra ansia heladora e empezamos a informarnos sobre las mejores y más frías zonas de cascadas de hielo que quedaban a nuestro alcance: Los Alpes. En este inmenso territorio hicimos varios viajes a los Ecrins y Ossians, por ser los valles más cercanos a nuestra casa. ¡Esto ya era otra cosa! El hielo abunda y las vías son largas y seguras (mientras no te caigas, claro). Al final se convierte en costumbre hacer cada invierno un viaje exprés en los que pasamos casi más tiempo en la autopista que escalando. Pero el premio es grande y nada nos importa con tal de poder clavar nuestros piolets.

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Año tras año hacemos nuestra peregrinación pero nos damos cuenta que ya hemos escalado en estas zonas casi todo lo que nuestras escasas facultades y valor nos permite. No tenemos ganas de repetir escaladas así que debemos plantearnos algún destino más lejano. Habíamos oído hablar de Cogne, un pequeño pueblo en el valle de Aosta (Italia) donde la escalada en hielo es un reclamo turístico. En la abundante información que se puede encontrar en Internet o en guías impresas alardean de contar con muchísimas vías que se encuentran en buenas condiciones durante todo el invierno. Su privilegiada ubicación a 1500 metros de altura a las puertas del Parque Nacional del Gran Paradiso, en el corazón de los Alpes, hace que sufra de duros y largos inviernos. Su clima, con abundantes nevadas y largos periodos de buen tiempo favorece la formación de cascadas incluso en las vertientes más soleadas de los valles. Todo parece perfecto así que nos decidimos a alargar aún más nuestros viajes para visitar este lugar que tantas promesas nos hacía.

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Hasta la fecha nuestro grupo de amigos/alpinistas hemos hecho dos viajes a Cogne. En ambos hemos planteado la misma “absurda” logística: disponemos de poco dinero y tan solo seis días de vacaciones, de los cuales uno será de viaje de ida y otro de vuelta. A la hora de elegir las vías a escalar, las dificultades son muy variadas pero conviene andarse con ojo, pues habíamos leído que son bastante duras comparadas con vías del mismo grado en el Pirineo. Una vez allí se puede comprobar que la fama del lugar no es infundada: hemos sufrido temperaturas de hasta -18º al amanecer. Llegando a -5º en las horas más “templadas” del día con lo que la solidez del hielo esta asegurada.

Como toma de contacto siempre hemos elegido alguna de las clásicas y más concurridas como “Lillaz” que cuenta con una aproximación de unos 5 minutos desde el pueblo del mismo nombre. O “Patri” en el valle de Valnontey. Una vez roto el hielo (nunca mejor dicho) vamos siendo más ambiciosos y buscamos cascadas con tramos verticales que nos pongan a prueba: “Tutto relativo”, “Cold Couloir” o el “Candelabro del Coyote” nos han hecho sudar sangre para conseguir llegar a la parte más alta. Incluso si hemos sufrido el desgaste psicológico de estar colgando de un muro vertical de hielo, nos hemos podido proteger en una estrecha canal como “Lillaz Gully” donde el hielo se interrumpe para obligarte a escalar con crampones y piolets sobre roca viva en su largo tramo de mixto.

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Como no todo puede ser perfecto, también hemos padecido días de mal tiempo con copiosas nevadas en los que nos habría parecido imposible escalar de haber estado en el Pirineo. Pero el clima de estas latitudes hace que la nieve caiga mucho más seca y fría de lo que nosotros estamos acostumbrados, lo que hace que el manto sea más estable y permita escalar alguna vía fácil como “Acheronte”. El día que la escalamos cayeron 20 cm de nieve sin viento y el paseo de vuelta debimos abrir huella pues se habían borrado las pisadas de la mañana.

Para los escaladores más capacitados las opciones se incrementan, pues existen muchas vías de más dificultad y longitud, hasta la impresionante “Repentance Super”: 210 metros de hielo vertical adherido a una inmensa pared que solo los alpinistas más preparados se atreven a ascender.

 

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Para planear un viaje a Cogne existe toda la información necesaria en internet. Hay varios albergues que están especializados en escaladores donde ofrecen la información sobre condiciones de las cascadas. En la página web oficial del valle podremos encontrar numerosos hoteles y apartamentos y ver la disponibilidad de los mismos para las fechas que necesitamos. La información meteorológica la ofrece meteo.it y suele ser bastante fiable con predicciones a largo plazo.

 

 

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