Por fin amanece y trato de vestirme sin salir del saco, meter de nuevo todo en mi mochila no es nada fácil, además del agua para toda la jornada. Hace días que los porters no están con nosotros.
Los 900 metros se suben a cuchillo por una enorme diagonal donde solo podemos empujar y portear nuestras bicis, mientras alcanzamos caminantes que se mueven lentamente o directamente se paran completamente exhaustos fuera de lugar debido al agotamiento y la falta de oxígeno.
Nosotros una vez alcanzado el lago, lo rodearemos por su derecha y continuaremos hacia oeste. El terreno es una enorme pedrera marciana por la que apenas se distingue el camino.
Esa jornada será la más exigente de la travesía ya que implica moverse por encima de los 5000 metros de altura durante más de 4 horas. En cuanto perdemos de vista el lago, tenemos que portear las bicis entre “pequeñas” cimas de 5500 metros y collados de singular belleza y brillos.
El Tilicho Peak con sus 7134 metros domina el camino y deja caer pequeñas avalanchas sobre su glaciar que nos dejan maravillados del momento que vivimos.
Una “difícil” ascensión por un precario terreno y fuerte viento nos lleva al “Eastern pass” asegurando cada paso, me noto aturdido y con poco equilibrio.
Recuperamos fuerzas detrás de una roca antes de iniciar un pequeño descenso y travesía por un valle completamente marciano. Aún nos quedan dos subidas de más de 200 y 400 metros que terminan de rematarnos hasta poder llegar al paso del Mesokanto.
Esta vez es el freno delantero de nuestro guía el que no quiere funcionar. Gracias a la jeringa y líquido que llevamos, podemos recuperarlo para la vida, sino, todavía estaría por ahí arriba. Los primeros 400 metros de descenso son complicados ya que muchas piedras se mueven al pasar y caen, pudiendo golpear a que se encuentra por delante abajo, lo pasamos agrupados.
El resto del camino es más normal, si es que a senderear de bajada a 4800 metros con el Dahulagiri de 8167m enfrente y las montañas “Mustang” al norte se puede considerar normal. Tantos días en semejante santuario de montañas está mal acostumbrando nuestros sentidos. Es la última gran bajada del viaje y el final de esta etapa es una ciudad con carretera e incluso aeropuerto, Jomson. Sin darnos cuenta nuestro ritmo se acrecienta y acelera, la certeza del final y el saber que una avería en este momento no nos condicionará tanto, nos hace correr riesgos que hasta ahora teníamos reprimidos. Disfrutamos como nunca del camino, tragando el polvo que la bici de delante levanta en cada frenada cubriéndolo todo y haciéndonos bajar con la fe de pisar exactamente por donde el compañero que nos precede. Muchísimas paradas para agrupar y disfrutar del bajadón oliendo a ferodo quemado, hasta que llegamos exhaustos al valle.
El resto de la travesía será una larga y suave bajada por el valle del rio Kali Gandaki una mezcla de pista y senderos que todavía quedan en sus laterales. En este valle esta, lo que se considera en cañón con mayor altura del mundo, algo normal si tenemos encuentra que a cada lado del rio hay montañas de más de ocho mil metros, el Dhaulagiri en uno y varios de los Anapurnas al otro. Las que tenían que haber sido dos cómodas jornadas de bicicletas se convierte en una sola. Se acercan días festivos en Nepal el “Tihar” y no conseguimos localizar transporte para retornar desde Phokara hasta Katmandu (200km y 8 horas de viaje) la víspera de su día grande. Por lo que nos vemos obligados a adelantar el final un día. El resultado fue una maratoniana etapa de más de 80 kilómetros de senderos y sobre todo pistas polvorientas, en la que acabamos verdaderamente molidos y hartos de bici. El resto, ya fueron horas de furgoneta a través de un caótico país donde todo funciona y fluye misteriosamente. Compras de regalos y recuerdos en Thame, Katmandu y de nuevo un largo viaje en avión hasta casa. Donde rápidamente nos volvemos a acostumbrar a nuestras comodidades occidentales. Aunque ya nada será igual, parte de nosotros se ha quedado en aquellas montañas para siempre.












El resto de la travesía será una larga y suave bajada por el valle del rio Kali Gandaki una mezcla de pista y senderos que todavía quedan en sus laterales. En este valle esta, lo que se considera en cañón con mayor altura del mundo, algo normal si tenemos encuentra que a cada lado del rio hay montañas de más de ocho mil metros, el Dhaulagiri en uno y varios de los Anapurnas al otro. Las que tenían que haber sido dos cómodas jornadas de bicicletas se convierte en una sola. Se acercan días festivos en Nepal el “Tihar” y no conseguimos localizar transporte para retornar desde Phokara hasta Katmandu (200km y 8 horas de viaje) la víspera de su día grande. Por lo que nos vemos obligados a adelantar el final un día. El resultado fue una maratoniana etapa de más de 80 kilómetros de senderos y sobre todo pistas polvorientas, en la que acabamos verdaderamente molidos y hartos de bici. El resto, ya fueron horas de furgoneta a través de un caótico país donde todo funciona y fluye misteriosamente. Compras de regalos y recuerdos en Thame, Katmandu y de nuevo un largo viaje en avión hasta casa. Donde rápidamente nos volvemos a acostumbrar a nuestras comodidades occidentales. Aunque ya nada será igual, parte de nosotros se ha quedado en aquellas montañas para siempre.